En las primeras décadas del siglo XXI nos toca vivir en un mundo complicado y en muchos sentidos, decadente. Sucede que algunos valores fundamentales para el saludable progreso de la civilización, pierden vigencia, se descartan, trastocan o su práctica resulta por demás exigua.

La democracia efectiva, los derechos humanos elementales, la solidaridad, la cooperación, el respeto por las diversidades, la distribución equitativa de bienes materiales y simbólicos, entre otros muchos, parecen diluirse de manera peligrosa y angustiante para buena parte los seres humanos.

La preponderancia constante de todas las variedades del odio se incrementa vertiginosamente. Así constatamos la rauda expansión de flagelos como: el individualismo extremo, la competencia salvaje, la corrupción generalizada, el desprecio por todas las alternativas del bien común, el desinterés por los sectores sociales menos favorecidos, la nula o escasa preocupación por el cuidado del planeta, el fomento permanente del armamentismo y de otros negocios oprobiosos como la guerra, las drogas, la proliferación aberrante de las fake news como instrumento de manipulación social, etc.

Todos estos males y otros tantos, resultan una calamidad difícil de afrontar tanto para las personas, como para los grupos, las instituciones, incluso, para los países y las regiones.

Ante estas coordenadas que a menudo emergen como inevitables e indiscutibles, resulta prioritario enfrentarlas con los mejores argumentos ideológicos/conceptuales y con las mejores prácticas posibles.

Frente a esos designios que parecen imponerse como inexorables y fatalistas, cabe y urge imaginar, pensar, diseñar y ejecutar acciones alternativas. Acciones que constituyan antídotos contra esos escenarios lacerantes y ruinosos para la salud personal y la salud comunitaria.

Por más minúsculas que parezcan las acciones que se pueden proponer o por más titánicos que sean los esfuerzos que hay que desplegar para darles curso, constituye un imperativo insoslayable emprenderlas, compartirlas, difundirlas y nutrirlas sostenidamente.

La SOCIEDAD DE AFECTO es un claro ejemplo de esta idea. Conforma un rincón, un foro, un espacio de resistencia, encuentros y acogida que va congregando a personas que suscriben la concepción de que otro mundo es posible e indispensable; ésto será factible si fomentamos la supremacía del amor sobre las variantes del odio.

Si honramos y ejercemos la supremacía de Eros (vida) sobre los designios de Tanatos (muerte); tendremos posibilidades de gestar otros mundos más cercanos a modalidades de vidas más plenas y satisfactorias.

La Sociedad del Afecto es un proyecto pensado e impulsado por Marco Eduardo Murueta, psicólogo y filósofo mexicano, profesor de la UNAM y expresidente de ALFEPSI, entre otras múltiples referencias significativas.

Por estos años procura que el proyecto se instale en distintos países de América Latina, de la mano de colegas y referentes de dichos países.

Asimismo, el extender el proyecto a nuevas geografías, permitirá que se vaya enriqueciendo con diversas visiones y particularidades que surgirán en cada uno de esos territorios con sus respectivos matices culturales.

También en esta línea de hacer crecer la Sociedad del Afecto, será bueno fomentar la ADHESIÓN de proyectos locales (existentes o por generarse), los cuales expresarán sus propias improntas y caracteres peculiares, aunque afines al espíritu del proyecto original. De tal manera, pasarán a formar parte en calidad de miembros adherentes a ese proyecto mayúsculo que es la Sociedad del Afecto y ello acelerará su expansión.

De allí que ahora estemos coordinando esta reunión desde Córdoba, Argentina. La reunión anterior fue coordinada desde Brasil y en lo sucesivo continuarán otras naciones asumiendo la tarea de consolidar este programa.

Un adherente genérico a la Sociedad del Afecto en Argentina, cuyo epicentro está en Córdoba, es el programa denominado: ReDeEros. Esta red integra diversas acciones organizadas en proyectos y actividades de resistencia a las numerosas variantes que despliega la sociedad del odio.

Se trata de un espacio conformado por múltiples voces y acciones creativas que proponen/ postulan/promueven el predominio del amor y sus derivados (la amistad, la empatía, la solidaridad, la generosidad, la sencillez, la serenidad, la paz, la alegría, la gratitud, por mencionar algunos) a través de múltiples actividades socio-culturales.

En la próxima reunión del 29 de abril sería interesante dialogar sobre estas consideraciones y avanzar con nuevas ideas y propuestas que fortalezcan el desarrollo de la Sociedad de Afecto en Latinoamérica.

Horacio R. Maldonado (Argentina)

Coordinador de la Quinta Reunión Latinoamericana de la Sociedad del Afecto.
29/04/2022